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Yoga y civismo (por Angie Ferrero)

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Tómate unos minutos para leer este artículo: uno aprende mucho en clases de yoga “apretadas”. Una clase de yoga es, además de una meditación personal, un bonito baile social.

Yoga y civismo (por Angie Ferrero)

Seguro te cruzaste con la campaña del BCP que dice que “el peor enemigo de un peruano es otro peruano”. El fondo del mensaje es crudo y acertado: somos una sociedad agresiva en la que sus ciudadanos se tratan con poco o nada de cuidado. Ni siquiera sé si la agresividad va dirigida hacia el otro. Creo que nace de uno mismo. Es como si hubiera un mal humor constante adentro de nosotros, algo así como un globo a punto de reventar ante cualquier aguja. Y así, de repente, alguien nos cierra con su carro ¡zaz! ya estamos carajeando. Es algo contagioso y muy feo. Doy gracias porque en mi vida existe una práctica que me ayuda a atenuar los carajos. Campaña del BCP: veinte puntos por hacernos sentir incómodos a todos y por ponerlo en paneles publicitarios que generalmente ocupan las cervezas.

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Es ese mensaje del BCP poco patriótico y participar de una clase de yoga “bien apretada”, lo que me impulsó a escribir lo que escribo. Trabajo en una escuela de yoga que se llama Bikram Yoga Perú. Imagina una clase de domingo a las 11 de la mañana con 48 alumnos que casi no se conocen, practicando yoga por 90 minutos, en una sala de 110m2, calentada a 42 grados de calor. Sé lo que estás pensando: qué locura, aj, todos sudando, jamás podría… Pues no. De esas hemos tenido varias y son siempre buenísimas en muchos sentidos. No creo ser ser la única que sale realmente contenta de una clase tan llena, incómoda y calurosa. Clases así de llenas generan más que una satisfacción personal: son un trabajo en equipo cumplido. Experiencias así me hacen creer en el yoga como una herramienta para convertir a los peruanos en mejores amigos de los peruanos.

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Una clase de yoga con muchas personas y poco espacio es una lección de civismo y convivencia tremenda. Déjame decirte por qué. Pocas veces se reflexiona sobre el yoga como una práctica social y colectiva. Y lo es, porque el cambio interior genera armonía afuera.

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En una clase de yoga (y no solo estoy hablando de Bikram Yoga), la atención de cada uno está en su mundo interior. Nadie mira a nadie, nadie regaña a nadie, nadie se ocupa de nadie más que de uno mismo. Aún así, nadie choca con nadie. Cada uno se hace responsable de sus movimientos, de su bulla, de su carga emocional y de sus caídas. Todos se mueven en sincronía y consenso. Es un bonito baile social. Y si alguien se equivoca, pues no pasa nada. Nadie te juzga, nadie te regaña. ¿Por qué? Porque entre líneas todos saben que, si algo o alguien te quita tu paz, tú eres el único que pierde. Ese consenso genera un ambiente de tolerancia en el que se permiten los errores. Se entiende que un error del otro no es siempre una ataque premeditado y dirigido hacia a ti.

Para mí, lo que describo es democracia pura: todos pertenecen, no hay jerarquías, todos sufren de la misma manera y todos obtienen los mismos beneficios. Estamos hablando de personas de toda edad, hombres y mujeres, condiciones físicas distintas y ocupaciones diversas. Cuando me paro a dictar frente una clase así veo frente a mí una mini versión de mi Lima utópica.

El yoga, al trabajar el mundo interior de las personas y fortalecer, estirar, rejuvenecer y oxigenar el cuerpo, te convierte en un ser humano más pacífico que aprende a respirar antes de reaccionar. Tener buena salud es el primer motor de la felicidad. Si te sientes bien contigo y no te duelen la espalda y las rodillas, eres un ser humano más feliz que se queja menos. Si respiras profundo y no te duelen las articulaciones, te sientes más libre. Si sudas a diario botas más que toxinas físicas. Si estás limpio, actuás más limpio. Por eso, estoy convencida que la revolución que va a cambiar el mundo que vivimos es la revolución interior. Disculpen los que apuestan por la política, la sostenibilidad, la inclusión social, etc. pero creo que hay un paso previo para ordenar el todo: hay que ordenar el uno. El yoga es una ciencia y disciplina que te ayuda a hacer las cosas bien. Rompe con la mediocridad, con la mente cortoplacista, con los atajos y las criolladas. En Bikram Yoga, en particular, miras un espejo por 90 minutos y ese espejo no te miente.

Por ejemplo, en una clase de yoga apretada, uno aprende a ocupar poco espacio y a entender cuál es el espacio que realmente le corresponde como propio (uno del tamaño de tu colchoneta de yoga, es decir, 1.20m. x 50cm de ancho aprox.). Cuando entiendes que tu cuerpo es más pequeño de lo que crees y que no necesitas de tanto espacio para moverte, exiges menos y te mueves con más cuidado y precisión. Comienzas a entender que todo lo que rodea ese espacio es un vacío adicional que puedes ocupar porque tienes suerte. No es tuyo, ni de nadie, tal vez, de todos. Es neutro y común.  Así, funcionas como un planeta que circula por su propia órbita, entendiendo que hay otros planetas haciendo lo mismo. Sabes que si no te sales de tu órbita, no deberías chocar con nadie. Entiendes que si alguien se choca contigo, es un accidente porque queda sobrentendido que todos al igual que tú están haciendo un esfuerzo por hacer las cosas bien y concientemente. Aprendes a dar el beneficio de la duda y desarrollas la mala memoria, clave para perdonar accidentes y no amargarte la vida. Entiendes que muchas veces las personas chocamos por distracción y falta de atención con uno mismo y el entorno. Por eso, si te perturban, sueltas rápido, olvidas rápido y sigues con tu clase.

Al practicar yoga en grupo hay una conciliación silenciosa: un acuerdo entre líneas. A pesar de que las clases son en silencio y de que la mayor parte de las indicaciones que da el profesor están enfocadas al alineamiento del cuerpo y la respiración, los códigos sociales se entienden fácilmente. Uno sabe que sus movimientos y su actitud afectan al resto de manera positiva o negativa. Si te esfuerzas un poquito más, se contagia. Si te alteras y respiras fuerte, también. Te comportas de la manera en que quieres que los demás se comporten para que no perturben tu meditación. Haciendo las cosas bien por ti, las haces por el resto. Guardas silencio porque sabes que el silencio es el territorio compartido entre todos. Es el momento en el que todos somos iguales.

Estoy convencida de que mi silencio profundo es igual al tuyo y al de cualquiera. Es un punto de encuentro en el que todos somos iguales y es el lugar que todos buscamos de una u otra manera. Desde el silencio, uno enseña con el ejemplo. Creo que a todos los limeños nos hace falta hacer más y decir menos. En todos, hay mucho floro y poca acción: siempre mirando más los errores del vecino que los nuestros. Ese es el camino fácil. La práctica de yoga te hace reemplazar, poco a poco, la crítica por la autocrítica.

Habitantes pacientes generan una sociedad pacífica. A todos nos falta paciencia. Esa es una de las cualidades mentales que más trabajas en una clase de yoga. Las cosas no salen siempre como quieres, el cuerpo que tienes no es el que te gustaría, cuesta estirarse y mantener la calma. Desarrollas la ciencia de la paz (paz-ciencia) que te ayuda adentro y fuera de la sala de yoga.

Finalmente, el yoga –y sobre todo las clases bien llenas– me hace pensar, ¿qué tan importante es la intimidad? ¿Qué tanto tengo que proteger, esconder, aislar? ¿Hasta qué punto importa que alguien se acerque más a mí? ¿Qué pasa si rozo un cuerpo extraño o si me cae la gota de sudor de alguien? Al fin y al cabo, todos respiramos el mismo aire. No hay nada que entre más en absolutamente todo tu cuerpo que el aire y no hay mayor intimidad con otro ser humano que compartir tu inhalación con su exhalación y viceversa. Despertemos todos. La protección que buscamos es una ilusión. Tienes a todos adentro tuyo y tú estás dentro de todos todo el tiempo. Dejémonos de mezquindad, odios, que los peruanos podemos amistarnos con los peruanos. En conclusion, más yoga para todos los limeños por favor. 

Creo que olvidé decirte que yoga significa unión.

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  1. Anónimo  21 agosto, 2015

    Buena!

  2. Anónimo  22 agosto, 2015

    Bello y totalmente cierto !!! :)

  3. Lucha Miranda  19 octubre, 2015

    Inteligente de A a Z, no conozco el “Bikram Yoga”…. Estoy segura de que tu proyecto triumfara!

  4. talia  25 enero, 2016

    Gracias por tu comentario!

  5. talia  25 enero, 2016

    Gracias por tu comentario!

  6. talia  25 enero, 2016

    Gracias por tu comentario!

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