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Tu fuerza de voluntad es como un músculo: entrénalo por 21 días

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Aquí una mirada diferente a la importancia de los desafíos personales que podría ayudarte a dejar esos hábitos que vienes prometiendo cambiar hace años. Nuestra fuerza voluntad funciona como un músculo. Hay que ponerla a trabajar.

Somos seres de hábitos, ritos y costumbres. No hay nadie que no pueda identificar en segundos algo que repite todos los días. Es la repetición la que nos da forma como seres humanos y sostiene una parte importante de lo que llamamos identidad. Es esa misma repetición la que muchas veces asfixia, aplana y pesa.

Tenemos un lado más animal y domesticado que funciona con rutinas. Nos gusta la seguridad de movernos dentro de una estructura. Pero si fuera sólo eso lo que nos determinara, no disfrutaríamos tanto de los desafíos, de los sueños o de ver peliculas de superhéroes. Algo en nosotros constantemente busca ser mejor o diferente. El cambio nos asusta y nos gusta.

No todos los hábitos son perjudiciales (de hecho, algunos de ellos, inclusive a pesar de serlo -por ejemplo, el puchito o la chelita al final del día- traen algo que nos beneficia -en el caso del puchito, un minuto de relajo). Lo que es bueno para ti o para mí es relativo y por eso, aquí no busco convencerte a dejar nada.

Lo que sí, me gustaría hacerte pensar en la naturaleza de cualquier hábito.  Enraizado a tus días, el hábito es un 1+1+1+1+1… al infinito que ocupa un espacio invisible (ya ni lo ves) pero totalmente fundamental en la manera en la que te mueves en el mundo. Un hábito es una forma de piloto automático que vale la pena observar porque te quita la libertad de poder dejarlo fácilmente y eso lo convierte en una amenaza sutil a tu independencia. Es también una posiblidad de jugar con tu yo cotidiano y por qué no, de reirte un poco de él.

La fuerza de voluntad no es un don sobrenatural de algunos afortunados. Es mucho más parecida a un músculo que a una cualidad. Se desarrolla, se trabaja y se fortalece (Kelly McGonigal, The Willpower Instinct). Tu cerebro posee dos cerebros: el primitivo que busca satisfacer deseos a corto plazo, y otro más evolucionado que busca alcanzar metas a largo plazo. Es esa parte de tu cerebro que la ciencia dice que puede desarrollarse como un bicep o una pantorrilla musculosa.

Hábitos. Voluntad como un bícep. Anhelo de ser mejor. ¿Adónde vamos con todo esto?

Vamos directo a tu capacidad de ganar pequeñas batallas internas. Me gustaría invitarte a trabajar ese músculo de voluntad. La práctica hace al maestro. Recuerda cuántas veces Karate Kit tuvo que encerar y pulir un carro antes de entrar a su primera pelea.

Te propongo mirar el reto como un ejercicio, un juego que te entrenará para batallas mayores como bajar esos ocho kilos, dejar el cigarro, hacer más deporte, dejar de serle infiel a tu pareja o llegar puntual al trabajo. Es cierto que tu voluntad falla por todos lados y en toda ocasión –como la de todos- pero descubrir que eso sucede por falta de práctica y no por alguna incapacidad podría cambiar por completo la noción de ti mismo y lo que puedes llegar a conseguir. También te confronta con otra realidad no tan bonita: que depende absolutamente de ti.

La palabra reto suena a meta, meta a estrella en la frente, y estrella en la frente a stress. Propongo usar la palabra desafío. Es más divertido y menos acartonado. Dicen, que un hábito se forma en 21 días, y aunque  esto debe ser más un mito urbano que una teoria científica, funciona porque tres semanas son más que dos pero menos que un mes completo. ¿Listo? 

Piensa rápidamente en algo que te gustaría hacer o dejar de hacer. De hecho, apúntalo en un papel en blanco, por favor. Dale. No seas flojo.

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Olvida lo que pensaste. Muy complicado. Táchalo, piensa en algo más y apúntalo debajo.

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Táchalo. Apunta algo más.

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Mmm eso tampoco… algo más.

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Eso es muy difícil como para comenzar hoy mismo… algo más.

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Mmm… la sufrirías mucho…. algo más.

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Eso podría ser… pero debe haber algo más.

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Ya deberías estar en la octava línea de tu lista. Ojalá esa línea tenga algo poco relevante y sexy. Algo así como tender tu cama, lavar los platos, llamar a tus viejitos todos los días, dejar de usar cañitas para salvar el planeta o soltar la bocina mientras manejas. Todos esos son pilotos automáticos suficientemente enraízados en ti como para poner a trabajar tu voluntad. Te sorprenderá cómo te cuesta. Como todo buen juego, si no hay dificultad, no hay diversion.

Intenta hacer eso que has escrito por 21 días seguidos. Rompe con un hábito y construye otro. Hazlo 21 días sin parar, sin dudar, y hazlo bien. Qué importa lo que pase en el día 22. Son solo 21 días. Tres semanas. ¿Qué son tres semanas de un año o de toda tu vida?

Si decides hacerlo, observa qué se genera en ti. Mira tus excusas, tu flojera, tus ganas de yo si puedo seguidas por tus ganas de tirar la toalla. Observa tu yo niño y tu yo adulto, tu cerebro primitivo y tu cerebro evolucionado, a los que se suman a tu batalla y te ayudan y a los que la ridiculizan… y mira también tu satisfacción al final de cada día que cumples ese desafío. Y si un día no puedes, o no quieres, seguirás al día siguiente. Lo importante es seguir intentando por 21 días.

El verdadero valor de un desafío –más allá de la meta que consigues- es que  funciona como un vuelo directo al presente. Te empuja a estar más conectado con tus movimientos porque requiere un esfuerzo adicional. Es una puerta a la atención y un espejo en el que llegas a ver una mejor versión de ti mismo. Y si descubres que tienes la voluntad de comenzar a tender tu cama después de veinti y pico años de no haberlo hecho, no habría razón alguna para no poder hacer algo más grande.

Todos, inclusive los que no corremos maratones, tenemos derecho a sentir esa satisfacción que da cruzar la línea final de la carrera. Se siente increíble. Tanto así que pocas son las personas que después de correr su primera maratón, no corren una más, y otra más.

 

¿Tienes la capacidad de hacer algo distinto todos los días por 21 días?

Te desafío a desafiarte con algo por 21 días. No tiene que ser dañino. No tiene que ser crucial. Ni siquiera importante. ¿Para qué la tortura entonces?

 

Simplemente para que recuerdes que eres libre de lo que te define.

(Y un último tip… ¿Recuerdas ese cerebro más evolucionado del que te hablé que maneja tu fuerza de voluntad? Se activa cuando estás descansado. Cualquiera sea tu desafío de los próximos 21 días, duerme bien o medita. Descansar es una pieza clave para alcanzar tus metas. Mucho más que dar tu 110%.)

 

Angie Ferrero para espacio360

 

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  1. Karina  29 junio, 2014

    Que lindo articulo, gracias Angie! Me ha encantado esta frase: “Todos, inclusive los que no corremos maratones, tenemos derecho a sentir esa satisfacción que da cruzar la línea final de la carrera.” – porque alguna vez algunas personas pudimos sentir esa satisfacción pero por los motivos que fuera lo olvidamos… y volvimos a la rutina…, pero claro!, tenemos derecho a volver a esa satisfacción .

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