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Testimonio de nuestro yogui Jorge Salinas

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Debo confesar que las veces que probé hacer yoga, me terminé aburriendo haciendo posturas complicadas donde la invitación a conservar la actitud hacia la meditación, contemplación y una sonrisa no me llegaron a tocar el alma. Cuando probé Bikram, la cosa cambió. Nunca pensé en la eficiencia de esta práctica. Les cuento cómo lo comprobé.

Tomé el taller un jueves. Obviamente no completé todas las posturas, me mareé, me detuve para salvar mi vida porque con tanto calor pensé en varios momentos que me desmayaba y en otros que se me salía el corazón. Con la cara roja y el sudor saliéndome a chorros fue una experiencia que me mandó a dormir. Al día siguiente (viernes), volví a probar con una experiencia similar solo que con algunos dolores musculares y señales de agotamiento evidentes. El sábado dije ya no… me fui a bucear con un amigo y para sorpresa había mejorado mi capacidad pulmonar en dos días… Aguanté mucho más debajo del agua que otras veces, me sentí extrañado mientras permanecía tomado de una piedra esperando ver los peces que, en mi habitual rutina de buceo, hago porque no suelo cazar. Me dije este yoga sí funciona y rápido. No lo podía creer, pensaba todo esto y seguía debajo del agua asombrado mientras la corriente me movía de un lado al otro.

Así, retomé mi práctica el domingo y desde ese momento no he parado. Probé hacer todos los días, luego cambié intercalando un día y así he ido acomodando mi práctica y mis días de filmación que casi siempre me toman todo el día. Igual me quedo tranquilo porque incluí en mi vida despertarme, estirarme y doblar mi columna en todas direcciones como he aprendido en la sala.

No soy un experto. Me falta mucho, soy duro, mis piernas gruesas y mi panza aún no me permiten mayor flexibilidad. Aún así le doy a la practica porque sé que el cuerpo se irá adaptando a lo que le diga que haga y esto funciona así. Ya lo he comprobado incluso con la alimentación y los pensamientos que llenan mi mente. Completé mi clase número 70, aprendí a respirar y sigo con mayor cuidado las indicaciones que los maestros yoguis me invitan durante la práctica. Aún hay posturas que me marean y otras que reclaman de mi voluntad para no abandonar.

Pero un día me caí de la bicicleta, me fracturé un dedo y quedé bien golpeado. Asustado por el accidente detuve mi práctica, anduve con el cuerpo contracturado por no poder dormir, estaba golpeado en la espalda, en el hombro, en el omoplato, costilla baja… A los 5 días del accidente, entré por emergencia con un gran dolor en el pecho, pensé que me infartaba y para mi sorpresa solo era el dolor de la contractura. En mis placas, salió que estaba todo perfecto. Noté en mi placa en la parte baja de mi espalda unas manchas y rápidamente le pedí al traumatólogo que me explique qué eran esas manchas que aparecían en mi columna baja. Me dijo no es para alarmarse, se están regenerando las células de tu espalda baja, y me preguntó: ¿que estas haciendo?. Sorprendido respondí: YOGA.

He crecido un centímetro porque me paro más derecho y se me mete automáticamente la panza. Estoy feliz, aunque aún no logre sonreír en clase porque me cuesta todavía soltar la tensión de la mandíbula. Hay una postura en especial de la serie que me cuesta entrar pero confío que con la práctica la lograré conquistar. El cuerpo hace caso a todo lo que le digas que haga. Es solo un tema de continuidad en la práctica.

Un gimnasio es más caro y no es tan completo.

He tomado la práctica de Bikram como mi medicina, forja mi voluntad, mejora mi actitud, y observo que me está apoyando en el manejo de algunas emociones que controlan aspectos de mi vida y quiero dominar. Laburo en mi mente mientras me estiro y le coloco los pensamientos que me cuestan asimilar a las posturas que exigen más de mí. Así hago un combo sanador. Termino mi práctica agotado, lleno de paz y la sonrisa recién me aparece cuando me pego una ducha bien fría. “Lo logré otra vez”, pienso, y agradezco estar aquí. Gracias Bikram por existir.

Jorge Salinas
Enero 2017

Jorge Salinas y familia

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