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Si entiendes lo que aprendes, nunca estás perdido

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Si entiendes lo que aprendes, nunca estás perdido

Posiblemente los colegios de ahora tienen métodos más alternativos, pero la mayoría de nosotros se formó dentro de sistemas más convencionales en los que constantemente estudiábamos cosas y resolvíamos problemas sin entender por qué o para qué. Y así, sin darnos cuenta, nos hemos acostumbrado a enfrentar la vida. Aparece un problema y solo pensamos en cómo resolverlo. Buscamos salidas, alternativas y muchas maneras de sobrepasar la dificultad. Pedimos consejos. Probamos de todo. Puede ser una cañería rota, una discusión, un carro malogrado o un cáncer. Somos máquinas de solucionar problemas y seguir adelante. Si encontramos una solución, salimos caminando victoriosos. Si no conseguimos el resultado que queríamos, pobres de nosotros, tenemos mala suerte, o tal vez algo hicimos mal.

No hay nada de negativo en ser alguien que toma acción. De hecho, la capacidad de salir adelante es una cualidad increíble para enfrentar los juegos de la vida. Sin embargo, si solo nos quedamos en la fase robótica de solucionar / no solucionar, estamos perdiendo la mayor parte del aprendizaje. Nosotros podemos ahondar un poquito más.

Hay algo automático que comienza a surgir en el pensamiento de aquel que practica yoga, medita, y está en una búsqueda espiritual. De manera natural y cada vez más frecuente, surge en nosotros la pregunta: ¿Por qué me está sucediendo esto? Y detrás de la pregunta, muchas veces, encontramos una respuesta que alivia el camino y nos acompaña, más allá del resultado. Enfocar la vida con esa pregunta es una verdadera bendición y la mejor manera de evadir a la víctima dentro de nosotros que constantemente quiere hacer berrinche.

Todo lo que nos sucede nos enseña algo. Por lo tanto,  si siempre estamos preguntándonos qué estamos aprendiendo, siempre salimos victoriosos de los retos que aparecen en el camino. El resultado se debe a muchos factores ajenos a nuestras manos, pero nunca nadie nos quitará lo bailado. Y si sientes que no tienes nada qué aprender de la situación en la que estás, te quedan dos opciones: estás distraído y es hora de un cambio.

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