Rabia, miedo, tristeza, fatiga: el yoga de la oscuridad

Rabia, miedo, tristeza, fatiga: el Yoga de la oscuridad

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Artículo original en inglés aquí

“La emoción es la fuente principal de volverse consciente. No hay transformación de la oscuridad a la luz y de la apatía al movimiento sin emoción.¨ – Carl Jung

Alguna vez tuve una estudiante que comenzó a distanciarse y a ponerse culposa cuando venía a clase. Evadía mis ojos y llevaba una pared invisible alrededor de su mat de yoga. Antes, ella solía hacerme preguntas después de clase. Ahora era la primera en salir de la sala y del estudio. Eventualmente conversamos un poquito. Me dijo que estaba ocupada. Habló sobre sus hijos. Luego miró hacia algún lugar distante y me dijo que en realidad no sabía pero que sentía que el yoga ya no le estaba funcionando.

¨A veces¨, me dijo, ¨siento rabia y desilusión en la postura del niño¨.

En el yoga abundan las palabras sobre sentirse bien. Recientemente tuve un terapeuta físico que me dijo que ambos eramos parte de ¨la industria del sentirse bien¨. La promesa de la ¨iluminación¨ nos hace creer que seremos más espirituales y que eso significa que estaremos menos preocupados por nuestros hijos o el dinero. Hay una verdad detrás de esto. El yoga nos puede mostrar lo maravilloso que es sentirse vivo.

Pero el yoga también nos mostrará exactamente lo mal que nos sentimos. Generalmente, cuando empiezan a surgir emociones, los estudiantes dejan de venir a clase o deciden que el yoga no es lo que estaban buscando. Ellos dicen, ¨ya no me funciona¨. La emoción los aleja y de repente ¨no están con los ánimos, están muy ocupados o demasiado deprimidos para moverse¨. Ellos se sienten culpables por sus sentimientos mientras otros están tranquilos en Savasana.

Esto no indica que el yoga no está trabajando, sino todo lo contrario. El final no es negatividad ni frustración, pero es parte de un camino que tiene que atravesarse si quieres entenderlo, entenderte y entender el todo. Si lo evitas, estarás cerrando la puerta a la mitad de tus experiencias de vida y las mejores fortalezas que encontrarás jamás. Si no lo enfrentas seguirás evadiendo, compensando y repitiendo. Taparás esa irritabilidad con una falsa amabilidad y luego se covertirá en rabia hacia ti o alguien cercano.

La mayoría de nosotros pasa la mayor parte de la vida reprimiendo sentimiendos, racionalizándolos, evadiéndolos o sometiéndolos al ejercicio, la comida, los cigarros, la televisión y las relaciones superficiales. A las mujeres se les enseña a no sentir rabia porque no se ve bonito y no es femenino (o es demasiado femenino estar emocional y hormonal). Los hombres tienen que ser competentes todo el tiempo. En nuestros esfuerzos por sentirnos mejor muchos de nosotros nos cerramos y optamos por una psicología ligera o una espiritualidad fácil. Eso es un bypass. Es un intento por evadir emociones dolorosas, asuntos sin resolver o una necesidad de crecimiento real, reemplazándolo con palabras como ¨todo sucede por algo¨, ¨las formas de Dios no son las nuestras¨, o ¨escoge ser feliz¨.

Algún día habrá alguna clase de yoga online o en tu estudio local donde tu profesor(a) comenzará a cantar. Dirá ¨exhala¨ de una manera profunda y suave, aludiendo a la bondad en tu corazón y tu luz, y tú sentirás que algo se retuerce en dentro de ti. Habrá un día que al hacer la dulce, receptiva y segura postura del niño, te sentirás aburrido, irritable y enfermo. Estarás levantando tu cabeza del mat todo el tiempo para ver el reloj. Llegará el día en el que no dejarás de insultar dentro de ti a tu encantador(a) instructor(a) cuando diga algo relacionado a la apertura de tus chackras.

El yoga no consiste en gozo, sino en honestidad. La espiritualidad no es certeza sino la añoranza del corazón. Iluminarse no consiste en ¨dejar ir¨ las emociones negativas sino en entenderlas y comprender su efecto en nosotros y cómo se expresan en el cuerpo. La no-violencia y el perdón no significan sentirse generoso o grande (tan grande que comienzas a ser condescendiente), sino en saber la dificulad detrás de las acciones correctas y asumir la responsabilidad por lo difícil. El perdón muchas veces ocurre al reconocer lo extremadamente rabiosos que somos. Amor no siempre es alegría. Muchas veces el amor duele. El amor es crudo.

El yoga es una historia de amor. No es una historia romática. Es una real, del tipo de historias que te transforma.

Las emociones son puertas y entradas. La meta no es existir sin sombras y convertirnos en personas tan espirituales que no nos sentimos gordas, aburridas, envidiosas o impacientes. La meta es tener la valentía y la voluntad de entrar en la oscuridad.

Ya que el yoga te pide trabajar con tu cuerpo y con tu mente, es inevitable que el resultado sea caótico. Habrán momentos en los que el cuerpo se sentirá con rabia, caliente y rápido, tembloroso, y la mente racional no tendrá idea de lo que está pasando. Otras veces habrán días en los que el aburrimiento y la soledad se afinan y duelen. Tu mente encontrará cinco mil maneras de decirte que no vale la pena, que no funciona, que el amor no es real.

Aún así, el yoga posiblemente ya te ha dado señales. Posiblemente ya has sentido cómo el amor es lo único real. Los seres humanos más elevados son sutiles, misteriosos y están muy cerca a las sombras. La vida es inaguantablemente cruel y desbordantemente dulce, todo al mismo tiempo.

Las sombras aparecerán. Acércate. La apatía -lo que los cristianos llaman desolación y los existencialistas desesperación- se mueve cuando nos movemos hacia ella. No es el paso del tiempo lo que nos sana, sino más bien, el paso a través de las experiencias. Hay cientos de cosas que te dicen ¨supéralo¨, ¨piensa positivo¨, ¨déjalo ir¨. Mira con atención estás distracciones a lo largo del camino.

El yoga es una historia de amor en donde las cosas colapsan. Dios se aleja muchas veces en el mismo momento en el que te quita el piso. Primero sucede una cosa, luego otra. De repente, son lejamos los primeros meses de yoga en los que sentías entusiasmo por aprender algo nuevo, ya no te funciona el horario que te permite ir tres veces por semana, ya no sientes la fuerza en tus hombros, la habilidad de mantener tu dieta y ha desaparecido tu convicción en la transformación.

Y de repente hay un pequeño movimiento en tu corazón. Y luego dos.

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