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¿Por qué tenemos que estar mal para querer estar bien?

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UNA REFLEXION SOBRE MEDICINA PREVENTIVA

De repente, un día comienzo a caminar con la mano apoyada en la espalda…
Me duele la cabeza y esa pastilla que vengo tomando hace una semana ya no está funcionando…
No puedo dormir…
Ese dolorsito tonto de la rodilla izquierda ya no me deja caminar….
Me siento profundamente triste y siento que los días me pesan…
Ya no me queda la ropa del verano pasado…
No me acuerdo cuándo comenzó esa tos…

¿Y ahora, qué hago?

Posiblemente, sacaré una cita con algún doctor o algún amigo medio ¨alternativo¨ me sugerirá algún lugar de medicina no convencional. En ambos casos, ya es tarde: ya hay algo que sanar y un tratamiento que podría descuadrar mi presupuesto. Posiblemente, obtenga una solución, sane ese dolor o molestia, y vuelva seis meses después. ¿Por qué? Nuestra noción de medicina es estrecha y pocas veces busca soluciones que acaben con un problema de raíz. ¿Y por qué no sanar de raíz? Porque eso toma mucho tiempo. Y hoy, no tengo tiempo. Mañana, tal vez, no estoy seguro, déjame chequear mi agenda y si tengo tiempo después de la chamba… me lo dedico a mí.

BYP Salud Diagnostico

Nuestra noción de medicina toma como punto de partida la enfermedad. ¿Será que hemos visto demasiadas películas de superhéroes y creemos que realmente nuestro cuerpo y nuestra mente lo aguantan todo? ¿O será que nuestra agudeza para manejar computadores, celulares y conversaciones complejas, para mirar hacia afuera y opinar, ha debilitado nuestra habilidad para mirar hacia adentro y detectar los cambios de nuestro cuerpo, los estados de nuestra mente y la intensidad de nuestras emociones? No tiene mucha lógica que nos cueste tanto hacer nuestro propio diagnóstico habiendo pasado ya tantos años con nosotros mismos.

Y la base de la medicina preventiva, es la lógica.

Imagina todo el tiempo que ahorrarías si nunca más tuvieras que ir a un doctor. Imagina los viajes que podrías hacer con ese dinero. Imagina la libertad de un cuerpo sano y una mente limpia. A mí, eso me suena paradisiaco y totalmente posible.

La medicina preventiva no es más que una vida con conciencia. No con ciencia, con conciencia. Es simple, intuitiva, efectiva y accesible a todo bolsillo. Me cuido hoy para no enfermarme nunca, me muevo con cuidado para no tener lesiones y poder trepar árboles con mis nietos, limpio mi cabeza de esos pensamientos que me quitan paz. Opto por un trabajo diario de hormiga para no tener la agilidad de un rinoceronte a los 35. He ahí la fórmula secreta para una vida saludable y más feliz. Y si es tan simple, ¿por qué nos cuesta tanto vivir bien?

Es cierto: hay que vivir el momento, disfrutar de la vida, no pensar en el futuro porque no sabes qué te puede pasar hoy… Pero ésa es la lógica que hace que el planeta esté de cabeza, que los glaciares se derritan, que tengas que usar bloqueador en invierno y que la salud tenga un valor en billetes. Es también esa noción la que no te permite disfrutar de la vida plenamente porque tendrás que pasar semanas de tu vida en cama, cojeando, de mal humor o cansado.

Uno es su propio planeta, y como diría el Principito, es mejor hacer una limpieza general de baobabs todos los días al despertar. A veces, la medicina es necesaria y muy útil para sanar enfermedades. Pero creo que no me equivoco cuando digo que la mayoría de veces que recurrimos a algún doctor o sanador, lo hacemos porque nos dimos cuenta de las cosas demasiado tarde. Practico yoga casi a diario y no me enfermo nunca. El yoga es un tipo de medicina preventiva por su manera científica de trabajar el cuerpo y mente, y también, porque es lo más cercano que existe a un scan 4d del cuerpo de la punta de los pelos a la punta de los pies. No te permite que se te pase lo importante, y te ayuda a soltar lo poco importante.

Somos lo que hemos hecho hasta hoy. Lo positivo y lo negativo nos dan la forma que tenemos. Nuestros hábitos (la manera en que nos movemos, hablamos, pensamos) no son más que acciones repetidas una y otra vez al infinito. Podría ser un buen ejercicio de fin de año revisar los hábitos que nos definen, e identificar aquellos que podríamos reemplazar. Si las computadoras se re-programan y somos nosotros las hemos fabricado… ¿por qué no reprogramarnos nosotros?

Siempre hay tiempo para uno mismo. Y si no lo tienes, aquí un primer ejercicio muy simple:

Coge tu celular con la mano izquierda y déjalo sobre la mesa. Luego, estira tu brazo derecho, empuja todos esos papeles sobre el escritorio, mira el vacío y replantea tus prioridades. No hay mejor lista de tips para una vida saludable que alguien pueda escribir para ti mejor que tú.

La medicina preventiva parte del auto-conocimiento, del amor propio y de aprender a distinguir lo que uno quiere de lo que uno necesita. Decir no sé es sólo una excusa más para no hacerte responsable de tu vida. Pregúntale a uno niño qué quiere, qué siente… Nacimos sabiendo y cuando nos hacemos adultos, aprender es muchas veces recordar. Somos individuos únicos dotados de una gran inteligencia. Mira hacia adentro con honestidad y busca un punto de equilibrio. TU punto de equilibrio. No el que te pueda sugerir un amigo, un nutricionista o una revista. Te podría sorprender descubrir que cuidarte hoy hace que tu hoy sea también mucho más feliz. Si el equilibrio es el resultado de la fuerza y la flexibilidad, hay que aprender a reconocer en qué nos esforzamos, y en qué nos relajamos.

Las toxinas se acumulan y los buenos hábitos también. El cuerpo no sólo te pasa factura, sino también, te recompensa cuando lo tratas con cuidado con vitalidad, energía y buen humor. Dale el descanso que merece y tal vez te deje trepar árboles hasta los 100 años. Y si hoy te sientes bien… ¡entonces busca estar aún mejor!

El primer hábito que deberíamos comenzar a construir, día a día, hora a hora, minuto a minuto, es mirar. Mirar menos a los hábitos de los demás y más a los nuestros. Mirarnos al espejo, más allá del peinado, los bíceps, la celulitis y la ropa. Mirar hacia adentro, con atención y aprender a sentir nuestro cuerpo y ponerle nombre a lo que sentimos y pensamos. Aprender a mirar nuestra piel, nuestra propia mirada, imaginar nuestros pulmones y la estructura de las vertebras, recordar si vamos al baño todos los días, si tomamos suficiente agua, si sudamos, si comemos frutas y verduras… No hace sentido saber las últimas noticias del mundo y no poder contar nuestra propia historia.

Hoy puede ser el comienzo de algo nuevo para ti.
¡De un 2014 más feliz, más consciente, más saludable!

Angie Ferrero para Espacio360.

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Sobre el autor

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  1. Adriana  10 abril, 2014

    Es verdad todo lo que dices. A veces solo ponemos mil excusas para estar bien y aceptarnos tal y como somos: grandes, chicos, flacos, gordos, crespos, lacios… no sé como sea. Nos preocupamos mucho en cosas sin valor cuando en realidad tenemos que darnos cuenta de que nuestra esencia es lo más importante, y debemos cuidarla y quererla todos los días.Gracias

  2. Daniela Albarracin  12 abril, 2014

    Gracias Angie! Nasmaté

  3. talia  25 enero, 2016

    Hola Adriana, gracias por tu comentario!

  4. talia  25 enero, 2016

    Gracias a ti!

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