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Nunca es tarde para abrazar(nos)

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Nunca es tarde para abrazar(nos)

Llegó la semana en la que es inevitable revisar el año que pasó y pensar en las metas para el que se viene. Es una semana en la que debatimos entre intentar resolverlo todo en unos días o *mejor dejarlo para el lunes* (da la coincidencia que el 1 de enero, cae lunes). Propongo que como parte de ese análisis, nos hagamos una pregunta:

¿Durante el 2017, abracé lo suficiente?

¡Por supuesto que no! Piensa en todas las veces que saludaste rapidito, solo poniendo el cachete, que diste un abrazo medio blandón con una palmadita en la espalda, o peor aún, cuando saludaste de lejos, sin mirar a los ojos, o que te hiciste el loco para no saludar… Nunca abrazamos lo suficiente porque estamos apurados, porque nos sentimos cortos, por absurdos. ¿Y qué hay del auto-abrazo? ¿Por qué no? (Mientras escribía este texto hice el intento conmigo y confieso que se sintió muy MUY bien.)

A veces necesitamos que la ciencia nos diga lo que ya conocemos para convencernos del poder de las cosas simples (https://www.rd.com/health/conditions/benefits-of-hugging). Nadie podría dudar de la energía que resulta de un buen abrazo, y aún así, qué poco lo hacemos con los demás, inclusive con los más cercanos a nosotros. En un abrazo, dos cuerpos, aunque sea por unos segundos (ojalá, fueran minutos), se juntan en una pausa que te llena de calidez, fuerza y entusiasmo. Te sostienen y sostienes. Das y recibes. Es un intercambio de energía. Hasta existen terapias y prácticas espirituales que consisten en abrazar árboles (si no me crees, googlea tree-hugging). Somos energía. Cuando dos cuerpos se tocan, hay un intercambio de átomos potente. Cuando nos dejamos de abrazar, perdemos la oportunidad de, por unos segundos, generar magia.

Es bonito recordar que no estamos solos, y esa sensación se la podemos dar a cuallquier extraño y recibirla de cualquier persona. Y si no encuentras a ese otro, prueba abrazarte a ti mismo y descubre lo bien que se siente. Más contacto real y menos pantallas para el 2018, por favor. Las redes sociales no generan cercanía real y un like no es un intercambio atómico y molecular.

Cerremos el año con una lluvia de abrazos. Envolvamos todas nuestras preocupaciones, alegrías, dudas, sueños, frustraciones e ilusiones en un gran nudo humano. Qué si nos creen locos. Ya hay tantos, que ser uno más, no nos hará ningún daño. Digamos menos palabras. Hablemos con las acciones.

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