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Más para los demás

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Pedimos y pedimos cosas por y para nosotros. ¿Adónde van los deseos de las doce uvas de año nuevo y las lentejas volando por los aires? El cambio de año genera introspección y reflexión. Nuestra mente gira y gira en torno a nosotros mismos (lo que sucedió, lo que queremos que suceda, nuestras metas, los nuevos comienzos…), enfocándonos en lo que es importante para nosotros. Anhelamos ser comprendidos, amados y correspondidos, y es así como debe ser, porque el espacio que ocupamos en este mundo es único y valioso, y porque cada uno merece ser escuchado, recibir amor y ser feliz.
Sin embargo, es importante no olvidar nuestra condición de seres sociales. Nuestra vida está nutrida por las interacciones que tenemos con los demás. Nuestro corazón está hecho para compartir. Hay un sentimiento liberador que nace de dar sin recibir nada a cambio. ¿Y si anheláramos ser más generosos? ¿Y si nos propusiéramos dar aunque nos cueste y duela un poquito? Como diría Nishit Patel, ¨amar es sacrificio¨. Si cada uno de nosotros tuviera el propósito para este nuevo año de expandir su capacidad de amar, imaginen cuántos cambios.
Una de las cosas más valiosas que tenemos es el tiempo. Regalémosle más tiempo a los demás y escuchémoslos con todos nuestros sentidos. Cuando alguien nos habla, intentemos ponernos en su lugar y entender la perspectiva desde la que miran el mundo. Si un niño nos cuenta una historia, volvamos a ser niños para entenderlo. Si un amigo nos cuenta una pena, intentemos sentir su pena. Si alguien tiene una opinión política, hagamos el esfuerzo por observar desde su ángulo antes de juzgarlo. Seamos más empáticos y comprensivos, y en retorno, recibiremos más empatía y comprensión de los demás.
Desde la empatía, ninguna historia, pena o preocupación serán absurdas o incomprensibles. Podemos comprender sin estar de acuerdo. Podemos escuchar sin entender del todo. A veces, el silencio es el mejor mediador de una conversación. Si el respeto es el entrelíneas de cualquier intercambio, no hay espacio para las agresiones y nadie tendrá nunca que levantarse de la mesa o dejar un mensaje de what´s up en *visto*.
Cuidémonos más. Cada uno ha venido a este mundo a hacer un viaje distinto, pero no estaría mal acompañarnos en el camino. Borremos el límite entre el tú y el yo. Somos uno. Somos lo mismo. Si hay alguien triste en el mundo, es responsabilidad de todos que supere su pena. Si uno se deprime, todos nos deprimimos un poco. Si te levantas y te despiertas, todos saldremos a celebrar.
El mejor punto de partida para compartir y ayudar a otros es ese lugar silencioso que uno encuentra adentro, al cerrar los ojos y mirar hacia adentro. El silencio es el mismo en cualquier ser humano, criatura y planta y que habita este planeta. Si conectas con el silencio, conectarás con absolutamente cada ser.
Busquemos cerrar el año con un poquito de silencio (después, sal a bailar hasta que salga el sol), y desde ese silencio conector, imaginemos lo que cada ser humano ha aprendido durante el 2017, y lo que cada uno anhela para el 2018. Sintamos la energía colectiva de todos esos aprendizajes y sueños y hagámoslos propios. Mañana, al despertar, demos un paso firme con el pie derecho por nosotros y por la humanidad. Recordemos que nadie está solo en este camino. Hagamos el esfuerzo por hacer de este país y este planeta, un lugar más humano y generoso, cueste lo que nos cueste.
Feliz año para todos nuestros yoguis.
Angie Ferrero, Directora de Bikram Yoga Perú
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