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La verdad sobre el balance en nuestras narices

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El balance no es algo que uno practica, desarrolla, compra, o consigue siguiendo la lista de tips en un libro de autoayuda. Es un resultado, un efecto, una consecuencia. Se da cuando las cosas en la vida ocupan el lugar que deberían ocupar y cuando dejamos suficientes vacíos para que las cosas ocurran de manera espontánea. Es la combinación perfecta de soltar y no soltar | hacer y no hacer | tomarte las cosas en serio y reirte un poco de la vida | chambear y relajarte | inhalar y exhalar.

El cuerpo es muy sabio y la tiene clarísima. Es el mejor manual que nos ayuda a entender en qué consiste el balance. Sólo basta con prestar atención.

Físicamente, el balance es la combinación entre fuerza y flexibilidad. Si 50% es lo que activas y 50% lo que relajas, no te vas a caer nunca. El cuerpo te lo explica de manera muy simple con estos dos ejemplos:

(1) Tu respiración está compuesta por dos acciones opuestas, la inhalación y la exhalación. Si respiramos de manera natural, el ir y venir y aire deberían darles de manera proporcional y fluida. Para la cantidad de aire que entra, hay una cantidad de aire que sale. Tanto es lo que recibes de afuera, como lo que das desde adentro. Al inhalar estiras, obtienes fuerza, llegas más lejos. Al exhalar comprimes, relajas, profundizas. Bingo.

(2) Los músculos del cuerpo naturalmente trabajan en equipo de acuerdo con la famosísima ley de Newton que algún día aprendiste en el colegio: ¨para cada acción, hay una reacción¨. La acción es una fuerza (un músculo que se activa) y la reacción se da porque una parte de cuerpo cede y confía (un músculo se relaja). Por ejemplo, cuando metes el abdomen tu espalda se relaja, y cuando activas la parte frontal de tu pierna y la parte posterior se estira. Estamos hablando de una conciliación sobre entendida y automática. Si yo trabajo, tú te relajas. Eso suena como un matrimonio perfecto, y detrás de una simple lección de anatomía encontramos una lección de vida.

Dos fuerzas opuestas sólo generan crisis, y la ausencia de fuerza no te permite llegar ni a la esquina. El vidrio, rígido y fuerte, es vulnerable a un pequeño golpe de la misma manera que un atleta de alto rendimiento con poca flexibilidad. Por otro lado, una cuerda sin fuerzas que la estiran no tiene la habilidad de mantenerse rígida y los bailarines de ballet sufren de muchas lesiones justamente por la razón opuesta que los atletas de alto rendimiento. Ambos tienen mucho de algo, y muy poco de lo otro.

Cuando pensamos en balance imaginamos a una persona caminando sobre una cuerda, moviendo los brazos a un lado y al otro. Eso es un intento de balance, un juego entre fuerza y su flexibilidad. Si la persona se pone muy rígida, se cae. Si se relaja demasiado, también. ¿No es así la vida?

Cuando pienso en balance me gusta imaginar a una pluma que vuela. Rígida y con la estructura suficiente como para dejarse llevar sin hacerse daño al tocar el suelo.

(Si quieres regalarte 5 minutos para ver algo que vale la pena, mira este video:

¿Y qué decir del balance y las emociones? Si vivimos con demasiada intensidad y nos dejamos llevar por todo lo que nos sale del corazón, nos descarrilamos. En las telenovelas funciona porque los capítulos duran una hora. En la vida real, sin alguna estructura racional dentro de la que aprendemos a sentir, interpretar y canalizar nuestras emociones… nos vamos… ya saben adónde. Y por el contrario, si vivimos protegidos, muy estables, demasiado cuerdos, ¿qué vida es esa? Definitivamente, una bastante aburrida.

Dijimos que el balance es la combinación entre fuerza y flexibilidad. Definamos fuerza como estructura, orden, funcionalidad, alcanzar una meta, una línea vertical. Definamos flexibilidad como creatividad, amplitud, vulnerabilidad, tirarte en tu cama panza arriba sin remordimientos, una mancha horizontal. La fuerza es la capacidad de dar. La flexibilidad, es la capacidad de recibir. Considero que una vida que maneja esas dos dimensiones bien es una vida divertida y ordenada.

La fórmula es simple. Lo difícil es lograrlo. La verdad, no sé si se puede. Por lo menos, no sé si de manera permanente, porque una gran parte del balance está compuesta por una dimension de vulnerabilidad. Esforzarnos demasiado por vivir balanceadamente es justamente lo que nos aleja de lo que buscamos. Tal vez, todo es cuestión de oscilar entre dos extremos disfrutando de la vida y aprendiendo a operar de estos modos.

Tener la habilidad de relajarte cuando lo necesitas y activarte cuando lo necesitas te falicita la vida. Sin embargo, ¿qué es lo que nos pasa generalmente? Cuando quiero relajarme, mi cabeza no para de pensar, y cuando tengo que chambear, me muero de la flojera. ¿Suena conocido? A mí, sí.

Algo que nos podría hacer la vida un poco más fácil es observar en qué aspectos nos toca poner más fuerza y voluntad para aceptar que no podemos controlarlo todo. Es bueno identificar lo que toca soltar hoy. Por ejemplo, si estás en tu pico de chamba, no te estreses por no cumplir con todos tus amigos o por ir a todos tus almuerzos familiares. Si pasas por un problema emocional, acepta que tal vez tu rendimiento en el trabajo no sera el mejor los próximos meses. Si tu día comienza a las 6 de la mañana, no pretendas seguir activo hasta la medianoche, y si llevas meses de dieta, romperla un día no es una mala idea.

Y sonríe, porque al hacerlo, usas solo 5 de los cuarenta y pico músculos que hay en tu cara. Ahí una lección de balance en la punta de tu nariz.

por Angie Ferrero para espacio360

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