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El yoga y las casualidades, cuando todo tiene que pasar…

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Dicen que no hay cosas que pasen de casualidad, que no hay una sola hoja que caiga de un árbol sin motivo alguno, como si se tratase de una fuerza que va más allá de nuestro entendimiento y que nos va guiando en cada momento de nuestras vidas. Solo de esta manera podríamos entender el hecho de que, cuando miramos atrás, vemos que todo tiene una razón de ser, que todos los puntos se tienen que unir. Creo que esta teoría explica la manera en que el yoga llegó a mi vida. Confieso que ya había leído sobre el tema, pero veía su práctica como una materia lejana; algo así como quien se imagina la posibilidad de ver alguna vez a Perú en un mundial de fútbol…

Lo cierto es que hace cuatro años no estaba muy bien de ánimo. Y mi hermana, que había llegado a pasar las fiestas de fin de año, nos sugirió (sin darse cuenta) ir al cine a ver una película que, por esos días, estaba de moda: “Come, Reza y Ama”. Me gustó mucho la historia, me agradó la forma en que el personaje utilizó el yoga como herramienta para progresar y salir adelante. Así que me compré el libro para entender un poco mejor el tema, pero aún tenía dudas. Hasta que un día, mientras caminaba por la calle, a unas cuantas cuadras de mi casa, vi un letrero enorme que decía “Lima Yoga”. Así que entré, pregunté y, a la semana, estaba practicando.

La verdad es que me gustó mucho, así que en un inicio probé dos estilos: Hatha y Power, y siempre salía de la clase con una sensación de relajo y bienestar que me invitaba a continuar practicando. Un día, conversando un poco entre amigos, me dijeron que probara Hot Yoga, y me explicaron el beneficio del calor y las posturas. Yo seguía escuchando, pero con un poco de escepticismo: pensaba que estaban exagerando, que no podía ser posible que se pudiera practicar una actividad física a una temperatura tan alta. Más allá de que eso fuera cierto o no, creí que no podría hacerlo, hasta que le di una oportunidad. Hoy, no me arrepiento de haberlo intentado.

Hace 5 años tuve una luxación en el hombro derecho y, pese a pasar por un proceso de recuperación, esta volvía a presentarse de manera reiterada por golpes o movimientos involuntarios. Quizá la mejor opción hubiera sido operarme desde un inicio, pero no opté por ese camino y, cada cierto tiempo, el hombro se salía de su lugar. Fue así como entendí la razón por la cual se dice que las 26 posturas de Bikram son altamente terapéuticas. Cada vez que quería recuperarme de esta y otras lesiones, recurría a esa secuencia de yoga. Así, gracias al calor y junto a los estiramientos intrínsecos que esta serie propone, mi proceso de recuperación se realizó en un tiempo menor  al esperado.

Los beneficios del yoga, sea cual sea el estilo que se practique, van más allá de la sensación de relajación luego de una jornada de trabajo. De hecho, sí ayuda mucho a manejar ese aspecto, pero no es el único beneficio que se obtiene. Las diferentes asanas o posturas producen una serie de movimientos internos en el organismo. Las células se mueven con mayor velocidad, pues el bloqueo de las articulaciones de algunas posturas se asemeja al efecto que produce una manguera cuando es tapada con el dedo: en cuanto se desbloquea, el agua sale con mayor velocidad.

Imagínate si eso ocurre en tu cuerpo. Imagínate la velocidad con la que la sangre recorre tus venas luego de ese bloqueo. Imagínate lo que sucedería en tu organismo si tus glóbulos blancos (encargados de defender al organismo de las infecciones) y tus glóbulos rojos (encargados de transportar el oxígeno de los pulmones a cada una de las células del organismo) llegan con más fuerza a su destino. Multiplica esa fuerza interna que se produce si es que practicas yoga por días, semanas, meses, años. Ese es el efecto terapéutico y, a partir de ahí, empiezan los milagros.

Nada es por casualidad, como mencioné al inicio. Por eso, me veo escribiendo esta columna, porque siento que, después de todo este tiempo, puedo recomendar a ciegas la práctica del yoga. Y si estás pensando en dar el paso inicial, no lo dudes. En Lima, hay muchos estudios y no hay un tipo de yoga que sea mejor que otro; simplemente hay estilos que se adaptan mejor a las características de cada uno. Lo que sí, te recomiendo que le des una oportunidad al calor de Bikram y sus 26 posturas. ¡Paciencia y bloquea la rodilla pues de dentro de poco tendremos uno en Lima!

Miguel Cotera

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  1. Karina  29 junio, 2014

    “La casualidad no es más que la Ley no reconocida”

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