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El gris también tiene su encanto

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El gris también tiene su encanto

Existen estados anímicos inciertos y los evitamos. No estamos acostumbrados a entrar en espacios intermedios dentro de nosotros mismos que no podemos definir. Las transiciones nos resultan incómodas porque es mucho más fácil lo conocido que habitar el misterio de lo que no conocemos.

Pero cuando realmente no nos sentimos preparados para definir algo, ¿resulta buena idea forzarnos a elegir una categoría, escoger la palabra apropiada o soltar en un estoy bien / estoy mal, porque sí? ¿Es acaso el gris tan intolerable? Vivimos en una ciudad que muchas veces es gris. Yo creo que el gris también tiene su encanto, así como los días de playa sin sol o los feriados con la ciudad sin ruido. Tal vez deberíamos hacer el ejercicio de entregarnos a la belleza de lo incierto.

Pensemos por qué tenemos que definirlo todo. Por qué nuestras emociones tienen que estar siempre codificadas. Por qué nuestras relaciones tienen que encasillarse (amistad, amorosa, laboral, familiar…) Por qué las experiencias tienen que ser intensas. Por qué nos incomoda lo sutil, lo suave, lo indefinido, lo que está en proceso de tomar forma.

A veces, cuando veo que Facebook me pregunta – Angie, ¿cómo estás? – me provoca muchísimo responderle no sé y escribirlo en mayúsculas. ¿Soy la única?

El mundo nos obliga a saber si las cosas están bien o mal, mejor o peor, arriba o abajo. Tenemos que estar alegres o tristes, a favor o en contra, ser de derecha o de izquierda . Y muchas veces, por responder algo que no sentimos o apostar por algo en lo que no creemos realmente, terminamos encarcelados en lugares que no representan ni lo que somos ni lo que queremos.

No está mal si a veces los demás no nos entienden. No tiene nada de malo si por momentos, nosotros mismos no nos entendemos. Las emociones no son excluyentes ni absolutas. Uno puede reír en la tristeza y llorar de gozo. Podemos andar tranquilos sin estar apagados y soltar una risa explosiva a pesar del stress. Así somos los seres humanos, más parecidos al clima que a algún robot eficiente y predecible. Somos vulnerables, y por eso, tan hermosos.

Y *todo eso que no podemos explicar a veces*, está bien. Tenemos derecho a habitar espacios incómodos. Tenemos derecho a no saber. Y es justamente en esos momentos en los que nos conectamos con nuestra naturaleza más auténtica. Sentirse cómodo sin tener que definirlo todo es una muestra de avance espiritual. El flexible de espíritu puede encontrarse tranquilo sin la necesidad de tener razones para explicarlo todo.

Y cuando logramos habitar estos estados *grises* (nadie ha dicho que el gris es un color triste) podemos permitirle a otros descansar dentro su silencio incierto. Solo así, podremos relajarnos todos y construir vínculos de verdadera complicidad en los que ser y estar es aceptado y celebrado.

Ser y estar no son verbos incompletos. No necesitan ninguna palabra detrás de ellos. Podemos ser y punto. Podemos estar y punto. Siendo y estando estamos completos. No sabiendo, también estamos completos. Tal vez no sea bueno mantener la incertidumbre como la constante, pero no pasa nada, si sucede de vez en cuando. Hay etapas de luz, otras más oscuras, pero por sobre todo, están las etapas intermedias que son los puentes entre esos dos extremos.

Siéntete cómodo siendo, estando y no sabiendo. Querido Facebook, ¿y tú realmente cómo estás?

- Angie Ferrero, Directora de Bikram Yoga Perú

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