Blog

De cómo el yoga me convirtió en un mono

Escrito por:

De cómo el yoga me convirtió en un mono

Estaba en el parque jugando futbol con Iago, de siete años. Súper futbolero como él metió un patadón estratosférico que terminó en la copa de un árbol. “¿Y ahora?” le dije. El primer intento consistió en agitar las ramas para ver si el árbol samaqueado nos devolvía la pelota. Agitamos sus ramas más bajas como si fueran maracas y nada. La pelota estaba allí arriba, acomodado en su peluca verde, abanicándose con hojas y sacándonos la lengua. A Iago se le empezaron a salir las lágrimas pues era su original de la Champions League. Agité con más fuerza un par de veces más sin suerte. Pero vi que las ramas del árbol eran curvas e insinuaban un camino. “No te preocupes le dije, yo me trepo”. Estaba sorprendido. Antes de esa vez, no recordaba haberme subido a un árbol en mi vida. Seguro que lo había hecho de mucho más chico, tengo 37, pero no registraba memoria. Solo la vaga imagen de que era difícil. Y sin embargo, sin darme cuenta, estaba 8 ramas arriba, a dos metros del suelo, mis brazos se sentían fuertes y se agarraban con firmeza, mis piernas se estiraban de un lado a otro dándome excelente estabilidad, mi vientre me empujaba hacia arriba con facilidad. No tenía ninguna duda, sabía que no iba a caer, estaba enfocado y en calma. El árbol se convirtió por arte de magia en una escalera de pintor y yo era el pintor experto. Ya cerca de la pelota prófuga, agite con fuerza las ramas, removí la peluca del árbol y la Champions no tuvo más remedio que caer y regresar a su dueño. “¡Listo! Ya la tengooooo!” gritó Iago secándose las lágrimas. Se fue corriendo a seguir pateando. Yo me quedé en la peluca del árbol un rato disfrutando de mi nuevo súper poder. “El yoga me ha convertido en un mono” pensé. Ahora entendía porqué la pelota no quería bajar. La vista era deliciosa desde esa altura.

Rafael Lanfranco

0

Sobre el autor

Déjanos un comentario

Dínos algo